DOCUMENTO FUNDACIONAL POR LA RECONSTRUCCION DE LA MEMORIA

Homenaje a nuestros compañeros muertos y
desaparecidos siempre presentes
POR LA VERDAD Y LA JUSTICIA

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Los pueblos nahuas del México antiguo, llamaban a los hombres "los dueños de un rostro y un corazón". El rostro como fisonomía moral y el corazón como el centro del que proviene toda la acción del hombre. Para ellos los recuerdos de su pasado eran la luz, la guía que hacía posible encontrar el camino en la tierra misma.

La historia comprendía todo lo bueno y lo malo, como patrimonio de lo sucedido. Lo sucedido echaba luz sobre la conducta de los hombres. Así el pasado era presente porque se reactualizaba a través de su transmisión, ya que para los nahuas el pasado constituía el conocimiento de la raíz o fundamento de la existencia. Raíz o fundamento significan traducido del idioma náhuait, VERDAD.

Estamos aquí por nuestros compañeros muertos, asesinados y desaparecidos. Porque queremos ser dueños de un rostro y un corazón. El rostro y el corazón que intentó robarnos la historia oficial. Es por ellos que decimos presente, que nos reencontramos después de mucho tiempo quienes los conocimos y fuimos sus amigos y compañeros de militancia. Por ellos hemos convocado a este acto especialmente a sus familiares, y a las nuevas generaciones que hoy dan vida al movimiento estudiantil y universitario. Por ellos y por nosotros pedimos justicia y verdad.

Quienes hemos formado esta Comisión y organizado este homenaje nos conocemos desde entonces y nos reencontramos ahora, con la profunda alegría y la fuerte emoción de saber que estamos aquí para iniciar un camino, una nueva etapa, para ofrecer nuestra memoria, para recuperar nuestra palabra, para explorar y repensar lo que fuimos y lo que hicimos. Porque vinimos después que otros llegaron y queremos continuar el camino junto a las nuevas generaciones, construyendo nuestra versión de la historia.

Ha habido muchas lecturas sobre la década de los setenta, pocas realizadas por sus protagonistas. Nuestra experiencia política, nuestros relatos, nuestra visión sobre aquellos tiempos, empiezan recién ahora a ser trasmitidos.

Creemos no equivocarnos si decimos que quienes estamos aquí, quienes sobrevivimos al terrorismo de estado y a los militares genocidas, compartíamos con cada uno de nuestros compañeros el haber luchado contra la injusticia y la indignidad y por construir e imaginar un mundo donde la salvación individual sólo fuese posible si era colectiva. Y esto era tan así, que las alegrías, tormentos, pasiones, amores que cada uno sobrellevaba se hacían carne con la posibilidad de cambiar el destino de los condenados de la tierra.

En aquellos tiempos, a diferencia de estos, signados por el afán de lucro, la falta de solidaridad y el individualismo, se valoraban socialmente los ideales de revolución y de cambio, la búsqueda de la justicia y la igualdad social, el custionamiento al orden establecido, el desprendimiento, el compromiso, la rebeldía, la solidaridad, el compañerismo, el altruismo, la defensa de lo social, de lo que es de todos, por encima de lo individual, de lo personal.

En el mundo acontecían el Mayo francés, las masivas movilizaciones de protesta contra la agresión norteamericana a Vietnam, la victoria de los movimientos anti-colonialistas en África.

En nuestra América, la Revolución Cubana no solo abrió el camino de los sueños, sino que demostró que estos podían concretarse. La experiencia chilena, con su vía pacífica al socialismo, los gobiernos nacionalistas de Torrijos y Velazco Alvarado, nos demostraban que el cambio que buscábamos era posible. El Che, con su ejemplo de entrega y coraje revolucionario, se constituyó en bandera de acción para importantes grupos en nuestro continente. Camilo Torres y su pasión, mostraba a sectores de la Iglesia y del cristianismo comprometidos con los movimientos de liberación de los pueblos.

En nuestro país se reprimía al pueblo, se encarcelaba a sus militantes, se proscribía al peronismo, que constituía la identidad política de las mayorías populares, se interrumpía permanentemente la vida democrática y se aplicaban planes económicos que sólo imponían entrega y hambre. La violencia represiva en todos los órdenes de la vida fue el pan nuestro de cada día.

Todo esto constituyó la compleja realidad que conocimos, el marco en el que crecimos, el contexto en el que nos asomamos a la política y en el cual desarrollamos nuestra actividad.

Nuestras luchas estudiantiles reivindicativas por mayor libertad académica, por el ingreso irrestricto, por la recuperación de los centros de estudiantes ¡legalizados y en contra de los bochazos masivos, de las materias filtro y de la reforma de planes de estudio -como el plan F- que alineaban los contenidos de la enseñanza a las teorías neoclásicas predominantes en EE.UU., se inscribían en la lucha del pueblo contra la dictadura de Onganía. Los estudiantes apoyábamos las luchas obreras, el Cordoba-zo y demás levantamientos populares.

En la Universidad hubo una noche de los bastones largos, y varias de intervenciones violentas y golpizas. El Cordobazo golpeó el corazón de la mayoría -silenciosa o militante- porque expresó un No rotundo a la dictadura militar y demostró que el pueblo estaba dispuesto a luchar por lograr sus objetivos de soberanía, libertad y justicia. Fue la irrupción de lo real, del pueblo, ante el avasallamiento de su dignidad, como forma de resistir a la infamia, a la muerte, a la vergüenza.